Editorial del Boletín NGC número 2
Para todo aquel que le gusta mirar de vez en cuando al cielo nunca pasarán desapercibidos los cambios que en el mismo ocurran. Por suerte me incluyo en tal categoría (aunque pase horas encerrado en mi cuarto sentado en la computadora o haciendo radio).
En uno de los viajes que he dado al interior del país (en esa sacrificada forma de viajar que se ha llamado botella), me resultó increíble haber podido observar desde la autopista nacional y a través de gafas de sol muy oscuras (de playa, protegidas contra rayos ultravioleta) nada más y nada menos que la nebulosa de Orión. Era desconcertante ver a través de un plástico tan poco transparente un cielo cuajado de estrellas, la gran mayoría de las cuales nunca he observado en la Ciudad de la Habana. Lo mas sorprendente del asunto es que apenas entré en la ciudad, dejé de ver todas aquellas maravillas, ocultadas por una nata blanquecina.
Hace unos días, al venir de regreso de un paseo con mi novia, hallé con sorpresa que la estrella polar, a 23 grados de altura, era prácticamente ilocalizable, a pesar de poder contar con la guía de las apuntadoras, que se veían un poco mas altas. Yo vivo a menos de nueve kilómetros del aeropuerto de Boyeros, y a casi 14 del centro de la ciudad, así que sería de esperarse una male mejor. De hecho así era un tiempo atrás, pero las cosas han cambiado mucho desde entonces.
La posición de mi casa, que fué en cierto momento un buen punto para hacer lluvias de meteoros y otras observaciones, ahora no es más que un lugar desde donde se pueden contemplar la ciudad y las bandas de contaminación suministradas no sólo por fábricas y otros tipos de industrias, sino por las humaredas procedentes de la quema de los basureros provinciales que rodean la ciudad, y que, además de proporcionar un tremendamente cochino cielo, nos dan unas madrugadas tremendamente abundantes en cochinos olores.
Esto ultimo hasta el punto en que te despiertas de madrugada por el olor insoportable que nos llega desde el sur. Ahora bien ¿Saben la respuesta del organismo al que le envié una carta planteando el asunto?
Nada más y nada menos que una carta de varias páginas con una maravillosa descripción (yo diría informe redactado con fines de rendición de cuentas y que me incluyeron para salvar el asunto) del parque de camiones de recogida de basura en operación y parados por piezas de respuesto, el calculo aproximado del estimado de ganancias diarias que obtienen los “buzos” (individuos que se meten en los basureros para buscar cosas: picadura de cigarros, carnes desechadas que luego venden en forma de croquetas, etc.) y que ronda en mas de cien pesos, y varias otras curiosidades. Pero en toda la carta (o informe) no aparece nada al respecto del costo ambiental de todo este proceso.
¿Hasta cuando continuará deteriorándose nuestro cielo? ¿Hasta cuándo tendremos que contentarnos con un cielo blanquecino? ¿Hasta cuándo tendremos que habituarnos a dormir con peste a basura podrida en nuestras sábanas?
Indudablemente, Ciudad de la Habana cuenta con un cielo donde hay una sola constelación: UN MARRANO.