Editorial del Boletín NGC número 3, 24 de Julio de 2001
Unos de los problemas más serios en los grupos de aficionados lo es la dirección. Si miramos un poco atrás en la historia de los grupos de aficionados a la astronomía en la Ciudad de la Habana (que es la provincia que conozco), se encuentran constantes que tarde o temprano afectan su estabilidad.
Sin mencionar nombres, y reconociendo que no soy un experto en la materia (sino que tan sólo cuento con una modesta experiencia en el asunto) quisiera abordarlo en esta oportunidad. Reconozco también que el tema es escabroso, y no puedo evitar el sentirme incómodo al tocarlo (y otros se sentirán incómodos al leerlo…). Pero creo que algunas ideas al respecto pudieran ser esclarecedoras e importantes para el desarrollo que esperamos tener en el futuro.
– En primer lugar, ¿qué sería lo más importante a tener en cuenta por un presidente?
Indudablemente, el mantener una visión colectiva de su cargo es fundamental para el buen desempeño de sus funciones. Ningún presidente puede, por absolutamente ninguna razón, anteponer sus intereses personales a los del grupo que representa. Esta es la forma más típica de destruir la confianza que se había depositado en él (y de destruir el grupo). Por lo tanto, mucho ojo, pues existen incluso aquellos que entran a la presidencia del grupo buscando únicamente satisfacer intereses personales.
– En segundo lugar, lograr que la democracia esté asegurada al tomar decisiones, y esto es algo que no todos (más bien casi nadie) está en capacidad de hacer. Es responsabilidad del grupo entonces asegurar que su opinión sea tomada en cuenta. De lo contrario, nadie puede acusar al presidente de no ser democrático. EL QUE NO ES DEMOCRÁTICO ES EL GRUPO.
– En tercer lugar, saber delegar. Ninguno de los humanos es Dios, así que ninguno de nosotros puede hacerlo todo. Es importante que cada miembro del grupo se sienta útil, aprenda a tomar decisiones y a responder por ellas. Enseñar esto (y muchas otras cosas más) es responsabilidad del presidente y de los que lo secundan.
– En cuarto lugar, el presidente no es dueño del grupo, sino todo lo contrario, ES SIERVO DEL MISMO. Vive y trabaja (lo que significa sacrificio) para que los que representa tengan mejores condiciones, facilidades y sobre todo posibilidades de superación.
– En quinto lugar, ningún presidente puede determinar sobre el personal miembro del grupo. No puede dar altas por su cuenta, y muchísimo menos, dar bajas porque lo estime conveniente (o porque simplemente le dé la gana). Una vez más, se impone la necesidad, y la obligación, de la responsabilidad del grupo en el buen trabajo del presidente. Es completamente imposible imaginarse o entender como un grupo puede estar impasible ante actitudes de este tipo.
¿CAUSAS?…piense…:
Generalmente, el individuo “botado” por una decisión unilateral del presidente corresponde a:
a) Temor a perder el cargo por su incompetencia en comparación con el que pretende botar.
b) Conocimiento por parte del candidato a ser “botado” de algún aspecto con respecto a errores en su cargo, a cuestiones profesionales (o incluso personales) que el presidente tema sean conocidas y le afecten su posición en el cargo.
…Y otros que dejo a su imaginación.
Podríamos hacer este editorial tan largo como quisiéramos, sólo mencionando problemas relacionados con esto. Pero esto es algo que hay que analizar dentro de cada grupo particular. Y repetimos una vez más, los grupos deben tener siempre la preocupación de velar porque cosas absurdas o que atenten contra su estabilidad no ocurran.
PODEMOS CULPAR A UN PRESIDENTE SI SU CONDUCTA NO CORRESPONDE CON SU CARGO, PERO MAS CULPABLE SERÍA EL GRUPO SI NO ES CAPAZ (POR INMADUREZ, CONVENIENCIA U OTRAS RAZONES) DE SACARLO DE SU CARGO EN CASO NECESARIO.
El inmovilismo y el acomodamiento ( y el “eso no es asunto mío” o el “allá él”) pueden desbaratar un grupo mucho más eficientemente que una epidemia de SIDA en un grupo de homosexuales.
Así, todo aquello que perjudique el prestigio de un grupo, y éste no sea capaz de solucionar, no es más que una señal para los que, ajenos al mismo, tienen la posibilidad de ver el problema desde una óptica normal. El que esos problemas ocurran y no se solucionen, es la mejor evidencia de que el grupo NO FUNCIONA, TAL COMO DEBIERA.